Del Libro:

 Entre Cristo y Satanás

 escrito por Kurt E. Koch

 

Parte VI: RELATOS DE VERDADERAS CURACIONES BIBLICAS Y LIBERACIONES

 

 

Introducción

 

  1. Cristo, victorioso sobre los poderes de las tinieblas
  2.   Los baluartes de las tinieblas.
  3.  Las obras de Satanás
  4. Un loco incurable
  5. No te acuerdes de las pecados de mi mocedad
  6. Jesús redime
  7. Librado del poder de las tinieblas
  8. Lucha con una mujer poseída
  9. El más fuerte
  10.  "Si el Hijo os libertare..."
  11.  "En mi nombre echarán fuera demonios"
  12. La victoria de Jesús
  13.  Hay poder en la sangre de Cristo
  14.  Privados de poder
  15.  En el nombre de Jesús

 

 

1. Cristo, victorioso sobre los poderes de las tinieblas

 

Sucedió en el año 1935, mientras colaboraba en una campaña de evangelización en M. (Alto Rhin). Al finalizar el culto, un matrimonio y su hijo de quince años se me acercaron para narrarme lo siguiente: Tenían una granja en los altos Vosgos y durante el transcurso de varias décadas habían sucedido allí hechos anormales. El esposo afirmaba que extraños trasgos habían sido observados en la casa. El mismo los había visto desde su niñez y además presentaba extraños síntomas de parálisis cuya causa el médico no había podido descubrir. El ganado en los establos era inquietado; las vacas andaban asustadas y casi enloquecidas y algunas presentaban también síntomas de parálisis. Los padres de este hombre tuvieron que vender siete vacas en el curso de un año, y ya que les quedaba una sola se hallaban al borde de la ruina. A este punto, el anciano chacarero llegó a saber de un maestro de brujería, quien practicó, a petición suya, extraños rituales en los establos. Retornó la tranquilidad y el ganado fue en aumento.

Vino la Primera Guerra Mundial y el hechicero debió partir para la guerra. A causa de que esta zona de los montes Vosgos fue convertido en escenario de guerra, los chacareros tuvieron que deshacer sus hogares y vivir durante cuatro años como refugiados en el interior del país. Al terminar la guerra se casó el hijo del chacarero. Mientras servía en el ejército se había sentido bien, pero ahora recrudecieron los antiguos malestares. Nació el primer nieto, el cual padecía extraños ataques y no podía conciliar el sueño. Nació un segundo, quien también padecía molestias y murió a las seis semanas.

Después de la muerte de este niño, el padre sufrió nuevamente toda clase de molestias. Tras un prolongado tratamiento médico y varias semanas de observación en el hospital, tuvo que regresar a su hogar sin experimentar la más leve mejoría. Allí continuó perseguido de día y de noche, tanto que se fue consumiendo hasta quedar como un esqueleto. Cada vez que trataba de dormirse, se despertaba sobresaltado al recibir terribles bofetadas; otras veces era levantado en vilo por manos invisibles y dejado caer nuevamente. La casa fue invadida por ruidos de golpes, rasguños y sonidos confusos. A veces se oía el ruido de puertas que se cerraban y, para colmo de males, un hedor pestilente invadía toda la casa.

Cuando el hombre trataba de orar, era sacudido vigorosamente por una fuerza invisible. Cierto día, a pesar de encontrarse sumamente débil, se apoderó de él tal desesperación que pudo abandonar su lecho, tomar un viejo libro devocional, y sentarse a la mesa para clamar y orar a Dios en medio de su angustia. Repentinamente sintió una terrible presión alrededor de sus caderas; como si fuera asido por poderosas manos, que le levantaban y luego era arrojado sobre su silla con tal fuerza como para reventarlo.

Finalmente fueron en busca de otro mago. Tras seguir su consejo, hubo un intervalo de alivio; pero un tiempo después comenzaron nuevamente a ocurrir hechos extraños en los establos. El ganado padecía y los campos y huertos no prosperaban. Más tarde, el primer nieto también cayó víctima de estos extraños ataques. Como hemos dicho anteriormente, ese niño había sido librado ya una vez de ataques similares cuando era pequeño por un encantador mágico. Ya el hombre había perdido toda confianza en encantadores y curanderos. Consultó a varios médicos para su hijo, sin que experimentara ninguna mejoría definitiva. A los quince años el muchacho empezó a ver seres monstruosos andando por la casa. Cierta mañana, al levantarse, se sintió asido de sus brazos por manos potentes, lo que produjo una parálisis total de su brazo derecho. A pesar de haberse sometido a observación y a un largo tratamiento en el hospital, no había mejoría visible.

Mientras estas personas estaban de pie delante de mí, acompañados de su hijo, después de la reunión de evangelización, observé que el brazo derecho del joven colgaba totalmente flácido y sin vida a su costado. Al dirigirle algunas preguntas a los padres, reconocí por sus declaraciones el origen de todos estos trágicos sucesos. Les expuse las terribles consecuencias de los pecados de magia y les exhorté a que se arrepintieran, volviéndose a Dios de todo corazón. Recurriendo a varios pasajes de las Escrituras, les aclaré que en tales casos la ciencia médica no puede solucionar nada, sino solamente Jesucristo, quien vino para destruir las obras de Satanás.

Los padres confesaron su pecado, declarando que querían entregarse al Señor Jesús y el hijo también manifestó el deseo de seguir a Cristo. Oré junto a ellos en el nombre de Jesús. Por su gracia, el Señor contestó la oración y sanó al joven, quien unos pocos días después estaba ayudando a su padre en la siega. Desde entonces la paz de Dios descansó sobre aquella casa. La bendición del Señor estaba sobre los establos y los campos.

Durante la Segunda Guerra Mundial, cuando Estrasburgo fue evacuada, me albergué junto con mi familia como refugiado en aquella chacra de los montes Vosgos. El Señor Jesucristo ha sido glorificado en esta familia entera, por la paz, salud y tranquilidad que en ella reina.

Enrique Waechter, evangelista en Estrasburgo

 

2. Los baluartes de las tinieblas

 

Corría el año 1938. Llevé a cabo una campaña de evangelización en Odenwald/Hessen. Una cierta sesión para ayuda personal a las almas, quedará imborrable en mi mente. Un joven de unos veinte años acudió para relatarme sus aflicciones. Sus desequilibrios emocionales eran típicos del demonismo, por lo cual le dije inmediatamente que: o bien se había introducido personalmente en el ocultismo, o que tales prácticas habían sido llevadas a cabo por su familia, a lo que asintió con toda franqueza. Lo que me relató a continuación era tan terrible que ha quedado grabado profundamente en mi recuerdo. Al relatarlo, no estoy violando el secreto de esta confidencia, pues el hombre me instó a que, basado en su propia experiencia, advirtiera a cuantos fuera posible acerca de este terrible peligro. Incluso autorizó a revelar su nombre, pero no lo creo necesario.

Me dijo que desde su niñez padecía de ataques de depresión, ideas de suicidio y desórdenes psíquicos. Durante la noche a menudo era sobresaltado por ruidos de golpes extraños de un origen inexplicable. Otras veces le infundían miedo sonidos y silbidos producidos por extrañas apariciones. Un psiquiatra diagnosticaría psiconeurosis, pero la historia de la familia daba la pauta del origen de estos males.

La bisabuela del joven era una hechicera. Curaba animales y personas mediante conjuros y recetas mágicas. Además se afilió a un centro espiritista que invocaba los espíritus de los muertos. La terrible tragedia de esta familia co­menzó con esta mujer que se introdujo tan profundamente en el ocultismo.

El hijo y la hija siguieron en los pasos de su madre. Ambos hechizaban personas y animales con ayuda del Sexto y Séptimo Libro de Moisés y mantenían relaciones con los difuntos. También practicaban la pendulomancia y echaban las cartas. Ambos tuvieron un terrible fin. De noche la mujer veía trasgos en su cuarto, y tenía la sensación de que espíritus malos le cerraban la boca y la nariz. Esto continuó por muchos años hasta que la mujer tuvo que ser encerrada en un asilo de alienados. Al no encontrarla enferma mentalmente, fue dada de alta después de seis meses. El hermano de esta mujer murió con una agonía espantosa, pero antes, rogó a sus familiares que quemaran todos sus libros de magia o los destruyeran. Pidió una Biblia pero ya nada podía comprender de ella. Preso de terribles dolores y emanando una horrible hediondez, partió a la eternidad.

La generación de los nietos continuó en la misma forma. A una de las nietas le solían sobrevenir ataques de frenesí durante los cuales hacía pedazos los muebles. Otras veces se acostaba en la calle gritando con una fuerza sobrehumana. Así continuó hasta que tuvo que ser internada en un manicomio. Otra de las nietas oía de noche los mismos ruidos ya mencionados. Tal fue su desequilibrio psíquico que al fin se mató con sus dos hijos de cinco y ocho años de edad, despeñándose desde una altura de 120 pies. En tanto otro nieto que hacía el papel de médium en sesiones espiritistas, empezó a sufrir de manía persecutoria y al igual que otros miembros de su familia, acabó sus días en un asilo para enfermos mentales.

En la generación de los bisnietos, había una joven que continuó con la cartomancia y tradición de encantamientos y murió joven. Todos sus hermanos afirman que ronda por la casa como un espíritu intranquilo. El hermano de esta señorita es el joven que me relató la historia de su familia. Me confesó que había sufrido lo indecible con todo lo sucedido, por lo cual quiere advertir seriamente a todos de los peligros que encierra introducirse en el ocultismo. Considera que la magia es la única responsable de todos estos terribles desequilibrios psíquicos que han sufrido los miembros de su familia a través de generaciones. Aquí se cumple el juicio del primer mandamiento: "...visitaré la iniquidad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de aquellos que me aborrecen". Este no es un caso aislado ni único. A través de mi ministerio he escuchado muchas historias familiares semejantes a esta. Es lamentable que, tanto en psiquiatría como en los centros cristianos, se conoce tan poco y se pasa por alto el poder diabólico de la magia. El hecho de que tales cosas se tomen con liviandad o sean consideradas como puro engaño, es fruto del racionalismo. Si hemos de prestar ayuda espiritual a personas así dominadas, hemos de considerar con seriedad la influencia satánica en sus vidas. El ser humano se halla en el fragor de la batalla entre Cristo y Satanás. Donde Satanás es representado tan sólo como un espantapájaros, se está haciendo caso omiso a una terrible realidad y Satanás puede destruir a sus víctimas sin ningún impedimento. El campo más peligroso para la seducción satánica es la magia, pues es allí donde la ayuda diabólica es aplicada conscientemente, aunque sea impartida con el disfraz de piadosas ceremonias.

A Dios sean las gracias que el poder diabólico sobre esta tierra no es la última palabra. "Cristo Jesús vino a deshacer las obras del diablo" (1.a Juan 3:8). Tenemos un poderoso enemigo, pero también un Amigo Todopoderoso, como solía decir el finado evangelista alemán Ernesto Modersohn. La diestra del Señor obra también maravillas a favor de quienes han sido desviados hacia un directo dominio satánico por medio del ocultismo. Tal era el caso del joven de quien he relatado. Pero Cristo le dio gozo y libertad; las cadenas y los grillos fueron rotos bajo la todopoderosa mano del Gran Triunfador del Gólgota. Jesucristo es, y permanecerá victorioso por toda la eternidad.

 

3. Las obras de Satanás

 

Una mujer mentalmente sana y físicamente robusta experimentaba hechos extraños durante la noche, que se producían cada vez con mayor frecuencia. Tenía la sensación de ser azotada a pesar de no observar a nadie dentro de la habitación. A la mañana siguiente constataba la presencia de moretones sobre su cuerpo. Esto le resultaba inexplicable. Al principio se resistía a comunicarlo, para no ser objeto de comentarios, pero finalmente la desesperación en que se hallaba sumida, la llevó a buscar ayuda espiritual. Pidió al pastor del lugar que le aconsejara, pero él no sabía qué pensar de tales sucesos. La mujer no le daba la impresión de ser ni neurótica ni de estar mentalmente trastornada, pues se mostraba completamente normal en todos los sentidos. Otro pastor a quien consultó tampoco tenía conocimientos sobre el ocultismo, de modo que no pudo ayudarla.

Cierto día, un amigo mío que conoce los efectos de la magia la visitó. Como este caso no se adaptaba al terreno emocional ni mental, comenzó a preguntarle acerca de la magia y salió a luz la siguiente historia: Durante su juventud la mujer había sido cortejada por un joven quien insistentemente quiso casarse con ella. Al descubrir que era un ocultista, lo rechazó, y él la amenazó con perseguirla y molestarla. La muchacha no dio importancia a esta amenaza y se despreocupó de ello. Fue más tarde, cuando experimentó esas molestias nocturnas, que recordó este episodio de su juventud, pero aún se resistía a relacionar las dos cosas.

Antes de continuar con el relato, explicaré brevemente en qué forma trato estos casos. Cuando tales personas buscan mi ayuda, investigo ante todo si las experiencias que narran son producidas por algún factor orgánico o psiquiátrico. Si es ese el caso, recomiendo al paciente a un psiquiatra creyente. A menudo hay sucesos inexplicables que también pueden ser aclarados por los recientes descubrimientos de la psicología profunda. Al analizar estos casos es necesario extremo cuidado y cautela, pues un diagnóstico errado puede tener resultados desastrosos. Cuando todos los medios científicos han sido consultados, entonces pueden aplicarse al caso los descubrimientos de la parapsicología y del ocultismo, para ver si puede descubrirse la causa por ese lado. Sin duda hay mucho más de lo que nuestros médicos, psicólogos y teólogos han aprendido en las universidades y seminarios, pues las prácticas de ocultismo están difundidas en alta escala en nuestros días.

Volvamos de nuevo a nuestro caso. Mi amigo oró fervorosamente en favor de esta mujer atribulada, indicándole que debía entregarse completamente a Cristo si quería ser liberada. Tras este consejo y después de una verdadera batalla espiritual, sucedió algo sumamente extraño. El hombre que la había amenazado, se ahorcó.

Desde ese momento, la mujer fue liberada y las anteriores molestias nunca reaparecieron.

Este ejemplo pertenece al fenómeno que ha dado lugar a tanta controversia: de la sugestión mental a distancia. El hecho de que nuestros racionalistas modernos afirmen que estas cosas son totalmente un engaño, no hace que pierdan su terrible realidad. Schopenhauer dijo: "Existe también el escepticismo de la ignorancia". Aquí son aplicables las palabras de Shakespeare, de que existen aún muchas cosas entre el cielo y la tierra de las cuales ni se ha soñado en este mundo. El campo de la sugestión mental ha sido investigado por muchos médicos. Los doctores Dusart, Janet y Gibert podían influenciar a individuos a 10 kilómetros de distancia. En mi obra de consultas espirituales he comprobado que estos fenómenos se hallan especialmente en conexión con el peligroso libro de magia Sexto y Séptimo Libro de Moisés. Conozco muchos casos de sugestión mental cuya evidencia es tan clara que no pueden desecharse como una superstición popular.

Aunque en el caso citado las molestias nocturnas hubieran sido síntomas de histeria, la auténtica y repentina curación habría sido algo extraordinario. Todo médico sabe lo difícil que resulta curar tales enfermedades; pero en la experiencia descrita no se trataba de enfermedad sino de influencia mágica. Para el creyente no es un hecho ignorado que el hombre se halla rodeado de poderes satánicos. No habría motivos para que Cristo viniera al mundo si el diablo fuera sólo una ilusión propia de épocas de ignorancia. No; el poder de las tinieblas es una realidad que ha sido derrotada por Cristo, pues el Hijo de Dios vino para destruir las obras del diablo. El es el vencedor sobre todos los poderes de las tinieblas.

 

4. Un loco incurable

 

Cierto creyente me contó la historia de sus antepasados. Sus bisabuelos practicaban la magia y como resultado de estas actividades ocultistas se presentaron facultades mediumísticas. La abuela padecía trastornos psíquicos, manías depresivas y tenía un carácter irascible y egoísta. Los desequilibrios psíquicos iban en aumento hasta que le acometieron ataques de frenesí. Hubo que maniatarla, y en esta condición fue recluida en un hospital para enfermos mentales. En la tercera generación, que es a la cual pertenecían los padres de mi protagonista, surgieron nuevos trastornos psíquicos, tales como depresión, alucinaciones y anormalidades orgánicas de origen neurótico. Cuando el padre aceptó a Cristo fue librado de todo síntoma de perturbaciones psíquicas. Mi informante, que está en la cuarta generación de esta familia, durante su juventud tuvo que luchar tenazmente en contra de manías depresivas, pero Cristo lo ha librado totalmente. Dentro de la quinta generación está el hijo de este hombre, del cual nos ocuparemos ahora.

Según cuenta su padre, este joven había sido un niño simpático y agradable. Al cumplir sus 18 años, también él, como sus progenitores, desarrolló una enfermedad psíquica y más tarde, mental. Al principio se mostró sumamente deprimido, con un temor morboso a la vida. El período depresivo fue sucedido por diversas obsesiones. Solía quedarse durante horas arrodillado orando, luego le sobrevenían ataques de frenesí en los que golpeaba a sus padres. Después de estos ataques escapaba hacia los bosques donde solía vagar durante días hasta que de puro agotamiento sufría un colapso. Los leñeros del bosque por lo general traían de vuelta al infortunado joven, quien al fin fue despedido de su empleo a causa de estas anomalías. Para mayores males, aparecieron síntomas de esquizofrenia; oía ruidos de golpes en la casa, veía luces y oía voces que le decían que no obedeciera más a sus padres. Estos se vieron obligados a llevarle a un psiquiatra, el cual dio el siguiente diagnóstico: "esquizofrenia avanzada e incurable, con necesidad de reclusión en un manicomio".

El padre rehusó a que su hijo fuera internado. Empezó un pequeño círculo de oración entre creyentes que unidos intercedían a favor de este joven tan gravemente enfermo. Finalmente llevó a su hijo a un hogar cristiano para convalecientes que era dirigido por un bien conocido hombre de Dios. El enfermo mental continuó con sus fugas de este hogar. Día tras día el director del establecimiento se sentaba con el joven, leía con él algunos versículos alentadores de la Biblia y oraba con él. Al principio este tratamiento espiritual tuvo un efecto negativo. El paciente sufría alucinaciones religiosas; estando en público, se arrodillaba junto a un banco y permanecía horas en actitud de oración. Entonces el director del hogar comenzó un círculo de reuniones de intercesión por el enfermo. Tras unas pocas semanas hubo una perceptible mejoría y al final de la sexta semana, durante una reunión para ayuda espiritual, repentinamente la mente del joven retornó a una completa lucidez. Sus impulsos y obsesiones desaparecieron y después de dos semanas de observación el director del establecimiento lo envió a su

hogar, completamente curado. El joven pudo retornar a su profesión y actualmente es el principal ingeniero de una empresa de construcción. Además, ha demostrado ser un verdadero cristiano. Han transcurrido ya dieciocho años y no se ha presentado ningún vestigio de la antigua enfermedad. La avanzada e incurable esquizofrenia diagnosticada por el psiquiatra fue curada por Cristo.

Dos diferentes tendencias pueden observarse a través de toda esta historia de familia. Los antepasados practicaban la magia y diversas formas de ocultismo, con el resultado de que enfermedades psíquicas y mentales se presentaron en los descendientes después de cuatro generaciones. En tres de ellas -abuelo, padre e hijo- estos trastornos psíquicos desapa­recieron cuando se entregaron a Cristo. Este informe es una evidencia de que el poder de Jesucristo aún puede obrar milagros, cuando la ciencia médica se ha mostrado impotente. Para Dios no hay casos imposibles. Por medio de la fe fuerzas creadoras y vivificantes entran en la vida del segui­dor de Jesús. En cierta oportunidad un médico que trabajaba mucho entre creyentes hizo la siguiente observación: "Con los cristianos es necesario tener mucho cuidado al dar un diagnóstico médico. Si un día se hallan en el lecho de muerte, quizás al siguiente nos salen a recibir a la puerta, sanos y felices. Su fe puede producir efectos tan inesperados que a menudo trastornan todo dictamen médico. Uno nunca sabe qué va a ocurrir con tales personas"  (Véase, como confirmación de esta declaración médica, el libro "Yo creo en los milagros", de C. Kuhlman. Y asimismo el capítulo "Liberación", págs. 135 a 158 del libro del Dr. Kurt E. Koch "El Diccionario del Diablo". Ambos publicados por la Editorial CLIE, de Tarrasa, España).

 

5. No te acuerdes de las pecados de mi mocedad

 

Un joven suizo que ha sido un fiel seguidor de Jesús durante largos años, me dio a conocer la forma en que había encontrado a Cristo. Escribió lo siguiente:

"Cuando tenía 15 años me hicieron unos encantamientos mágicos para hacer desaparecer unas verrugas de mi mano derecha, pues en el lugar donde vivíamos era costumbre, cuando aparecía cualquier enfermedad, no recurrir al médico sino al conjurador mágico. El encantamiento tuvo éxito; me vi libre de las desagradables verrugas, pero al mismo tiempo me encontré bajo la influencia del Maligno, atrapado por la maldición de la magia. Durante años luché contra los efectos consecuentes. Comenzé a leer literatura barata, pues los libros buenos me aburrían. Películas obscenas, con su atmósfera turbia y sexual, me fascinaban. Hice caso omiso a toda advertencia y me convertí en un adicto a ese ambiente, viviendo constantemente en una atmósfera cargada de sexualidad. Me rebelé en contra de todo lo espiritual y mi mente estaba envenenada con toda suerte de maldades. La sensualidad se había despertado en mí y no podía dominarla; la obsesión era tan fuerte que no lograba alejarme de ciertas cosas, y una y otra vez caí. A causa de mis constantes derrotas me hallaba disgustado, irritado y desanimado, y con mi irritación y desobediencia di mucho trabajo a mis padres y a mis superiores. Dividido interiormente por estas dos fuerzas, no pude concentrarme en mi empleo, por lo que mi trabajo era muy insatisfactorio.

Durante años fui víctima de mis pasiones y padecía por encontrarme bajo su dominio. Al final se despertó en mí un ansia por una vida pura. Cierto día fui invitado a una reunión para jóvenes varones. El pastor habló de aquellas cosas que tanta lucha me habían ocasionado. Señaló el camino a la liberación y arengó a sus oyentes a decidirse por Cristo. Aquella noche me sentí herido en lo más recóndito de mi ser pero no me atreví a hablar con el pastor, pues un falso sentido de pudor me impidió buscar ayuda y recurrí a otros medios para solucionar mis problemas. Decidí que podría librarme de todas aquellas cosas casándome. Me casé con una mujer que tenía tres hijos, pero en lugar de solucionar mi situación, surgieron nuevos problemas y me encontré cada vez más miserable. Todo me asqueaba y me resultaba desagradable. ¿Dónde terminaría todo esto? Sólo Dios tenía la solución para mi vida.

Mi esposa enfermó y luego yo también debí guardar cama. Una extraña neurosis que los médicos no podían diagnosticar con precisión me desesperaba. Se apoderó de mí un miedo espantoso a no poder recuperar mi salud y empecé a orar fervientemente. Una y otra vez clamé al Señor por perdón y liberación. Finalmente me di cuenta de que por mis propios medios jamás podría hacer frente a estos malestares y vi claramente mi propia debilidad. En aquel entonces recibí un folleto de un amigo que me mostró la solución. Justamente en el momento álgido de mi vida, cuando había llegado al grado más desesperado de mi necesidad interior, recibí esta iluminación. Comprendí que Dios es mejor psicólogo que nuestros doctores y pastores. El conoce el tiempo, la clase de ayuda necesaria y la persona adecuada para sus propósitos. A este amigo abrí mi corazón y confesé todo lo tenebroso que había en mi ser: esta fue la encrucijada de mi vida.

Un gran gozo inundó mi alma; gozo por el perdón de todos mis pecados, gozo por el don inefable. Por la gracia de Dios llegó a ser mi experiencia personal "Si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres". La oración del salmista "No te acuerdes de los pecados de mi mocedad" había sido una realidad en mi vida; ahora el perdón y la redención eran míos. En mi juventud había aprendido el versículo: "En quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados, conforme a las riquezas de su gracia" (Efesios 1:7). Tenía este versículo grabado en mi mente, pero jamás lo había experimentado; ahora esta certidumbre me había sido dada por el Espíritu Santo y aunque todo el mundo se me hubiera puesto en contra, no podría quitármela. Después de todos estos años de terrible miseria interior jamás pensé que podría llegar a ser una persona gozosa. Por la misericordia de Dios he experimentado su promesa: Yo he venido para que tenga vida, y para que la tengan en abundancia."

 

6. Jesús redime

 

Años atrás fui criado en una familia que buscaba alivio para sus enfermedades en tratamientos metafísicos, hipnóticos y sugestivos. Durante treinta años se practicó en mi casa el arte de la curación mágica, en favor de animales y seres humanos, con óptimos resultados. La gente venía de todas partes en busca de curación. A menudo bastaba una carta o una conversación telefónica con mi padre para iniciar y seguir la cura. Este sistema de curación por teléfono aún se practica hoy día en cientos de miles de personas. En él entran en juego no solamente poderes de sugestión, sino también fuerzas mágicas y diabólicas.

Las terribles consecuencias de la práctica de encantamientos efectuada por mi padre eran visibles en la familia entera, pues nuestro hogar se caracterizaba por continuas riñas a causa de los violentos caracteres de todos. Después de su muerte yo me dediqué a aprender el arte de la curación mágica. La fascinación por lo desconocido y la perspectiva de producir milagros por fuerzas no accesibles a todo el mundo, me sedujeron. Por lo que había visto de mi padre, y poseyendo una predisposición mediumística hereditaria, no me costó mucho tal adiestramiento. Mis primeros experimentos con miembros de mi propia familia tuvieron éxito. Estimulado por ello extendí esta actividad a otras personas, invadiéndome el orgullo de que el conjuro daba resultados.

No escapé de las terribles consecuencias de la magia, pues inesperadamente sufrí un total agotamiento de mi sistema nervioso; me encontraba tan débil y desequilibrado que fui obligado a abandonar mi trabajo. Durante semanas permanecía sentado e inactivo, debiendo luego ser internado en un hospital. Este fue el tiempo en que Dios me habló, y en mi soledad empecé a analizar mi vida. Otra gran ayuda fue la de un paciente en el hospital que conocía mucho acerca de conjuros mágicos y me advirtió en contra de esa práctica. En mi defensa argumenté que yo sólo deseaba ayudar a mis semejantes y que decía a la gente que recibiese tales bene

ficios mágicos como un don de Dios, a lo cual repuso el forastero: "Al emplear el santo nombre de Dios, usted lo blasfema, pues está tratando a Dios como a criado y no como a Señor. Es el diablo quien acude a cumplir los efectos de tales fórmulas mágicas, y no Dios."

Al principio rechacé tales argumentos rehusando creerlos, pero no pude olvidar su advertencia y más tarde descubrí que el forastero estaba orando por mí. Una lucha terrible se desencadenó en mi interior que continuó durante varias semanas. Por fin me encontraba dispuesto a abandonar la magia, pero esto era más fácil decir que hacer. Quise dejarlo, pero los poderes detrás de la magia no me querían soltar. Descubrí que no dominaba yo a estos poderes sino que ellos me dominaban a mí. Desde el momento que reconocí que era su prisionero mi defensa se tornó más apasionada y tenaz. Fue una lucha de vida o muerte, en la cual mi esposa se hizo una valiosa confederada, pues juntos buscábamos la ayuda de Dios; comenzamos a leer la Biblia y a orar junto con nuestros hijos, pues sentimos que no podíamos lograr la victoria por nuestros propios medios. En este tiempo tuve que sufrir una seria operación quirúrgica, pero mi corazón había sufrido un esfuerzo tan grande a causa de estas luchas, que una vez en el hospital el cirujano debió esperar 24 días antes de atreverse a operar. La intervención tuvo éxito, lo que nos llenó de gozo y agradecimiento a Dios.

Sin embargo, no había obtenido aún una liberación completa. Cierto día, mientras estaba leyendo la Biblia, me fijé en Hechos 19:19: "Muchos de los que habían practicado la magia trajeron sus libros y los quemaron delante de todos". Ya el velo se me iba corriendo. Tenía que deshacerme de toda mi literatura de ocultismo. Lo junté todo y lo arrojé al fuego. A todos mis tesoros tan celosamente guardados, fórmulas para conjuros de acción rápida y recetas especiales, les di el mismo fin. Estos ídolos familiares, fuente de poderes mágicos, fueron destronados y quitados de en medio y con la ayuda de Dios, otro paso hacia la libertad y sosiego estaba dado.

Pero la lucha aún no había terminado. La magia siempre arrastra tras sí desgraciadas secuelas. Mi vida abrigaba muchas pasiones, abiertas y también ocultas, tales como mal genio, maledicencia, egoísmo, juego, bebida, tabaco y otros vicios imposibles de publicar. Cuanto más daba a Cristo la primacía en mi vida, más y más me desagradaban estas cosas. Mi esposa experimentó una transformación similar. Durante largos años había sido atacada de períodos de depresión, que es el síntoma invariable que aparece en familias militantes en la magia y en sus descendientes. Por Cristo, y a causa del gran gozo que había invadido nuestra vida, estos estados depresivos desaparecieron por completo sin tratamiento médico alguno. Con esto no quiero decir que todo estado depresivo tiene el mismo origen, pues hay condiciones psíquicas que provienen de ciertas enfermedades pero los hay que tienen su causa en motivos espirituales y de todo ello fuimos librados por Aquel que vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.

Entonces pensé que si el Señor Jesús pudo socorrer a un miserable pecador como yo, también podía librar a otros que se encuentran ligados por Satanás. Por tanto me dediqué a buscar y ayudar a quienes, activa o pasivamente, han practicado la magia. Comencé una serie de reuniones para presentar los males de la hechicería. El extenso campo para ayuda espiritual que surgió de estas sesiones, puso en evidencia cuán profundamente el hombre moderno se halla inmiscuido en estas cosas a pesar de tanto adelanto científico. Pero una vez más se cumplió lo que afirman las Escrituras: "Cuando el pecado abundó, sobrepujó la gracia". La victoria final pertenece al Señor Jesucristo.

H. Buechler, FRANCE

 

7. Librado del poder de las tinieblas

 

Durante una campaña de evangelización oí la historia de un alcohólico, y con permiso especial del mismo quiero referirla. Desde su juventud había sido un matón y bebedor consuetudinario. Su consumo diario era de quince litros de vino y muy pocos días al año estaba sobrio. Si no le alcanzaba el dinero para la bebida corría de aquí para allá como un animal herido y el menor contratiempo era suficiente para que estallara en un arranque de cólera, durante el cual rompía todo cuanto estuviera a su alcance. No quería saber nada de la Palabra de Dios, pues según él, el creer en Dios era un engaño tan grande como creer en el diablo. Cierto día encontró en la taberna a un hombre que hablaba de la magia negra y la posibilidad de mantener comunicación con el mundo invisible. Contó una sarta de cosas espeluznantes que algunos de los oyentes tomaron a risa, considerándolo tonta superchería. El borracho de nuestro relato era el más locuaz y se jactaba de no tener miedo de encontrarse con el mismo diablo ni de tratar con él. En medio del griterío sus compañeros de trabajo afirmaban lo mismo. Se hizo una apuesta por 20 marcos (unos siete dólares U.S.A.), y Jochen, el borracho, quedó en presentarse al diablo el próximo viernes a medianoche en el cruce de dos caminos a la salida de la aldea. Debía trazar con tiza un círculo alrededor suyo e invocar por tres veces a Lucifer con un conjuro especial. Sus camaradas le acompañaron parte del camino, abandándolo luego. Jochen siguió las indicaciones, trazó el círculo y pronunció tres veces el conjuro mágico. Con gran expectación esperó los acontecimientos. Nada sucedió y triunfante regresó en busca de sus compañeros cobrando la apuesta.

Sin embargo, su gozo fue prematuro. Al acostarse la noche siguiente, observó de pronto una cara horrible sobre la pared frente a su cama que se le aproximaba lentamente. Quedó como petrificado y sin poder mover un dedo. La cara se le iba acercando hasta que estaba a una distancia de sólo ocho pulgadas. Quedó aterrorizado. Finalmente el rostro retrocedió y entonces pudo gritar. Su hermana y su cuñado, que vivían en el segundo piso, bajaron corriendo al oír sus desesperados gritos. Llegaron hasta la puerta de la habitación, mas no pudieron entrar; quedaron hechizados delante del umbral. Este episodio de la cara se repetía a menudo pero únicamente cuando estaba sobrio. Cuando esto le ocurría,

180sus familiares siempre le decían que no podían entrar pues una fuerza inexplicable les detenía ante la puerta. Al fin, consultó a un médico para descubrir si había llegado al grado de delirium tremens a causa del alcohol. El médico, tras un detallado examen, lo negó. Cuando el enfermo le relató con toda clase de detalles lo de la cara diabólica, el médico quedó pensativo. No rechazó estas apariciones como una patraña, ni las atribuyó a un agotamiento nervioso, sino que, como cristiano, tomó el asunto en serio diciéndole: "Si has obrado así, es hora de que busques a Cristo, o de lo contrario el diablo, por cierto, te llevará". Dado que el médico y el borracho se conocían desde que habían hecho juntos el servicio militar, agregó: "Lo que tienes que hacer es dar la media vuelta, si no quieres perderte del todo".

El buen consejo de arrepentirse que Jochen no habría aceptado de un pastor evangélico, lo recibió com­placido de labios del médico. Comenzó a buscar a Cristo de todo corazón. Se arrodilló y clamó a Dios que le librara de la bebida, de su vida inmoral, de su mal genio y de las garras de Satanás. Como intensa había sido su vida de pecado, así fue la decisión de entregar su vida a Cristo. Vivió días de profundo arrepentimiento y desesperación de alma; pero su desesperación culminó en un sentimiento de confianza, pues Cristo lo recibió y experimentó una completa libe­ración. Desde ese momento cesó por completo la aparición diabólica.

Para Jochen esto era una clara evidencia de que las apariciones no habían sido producto de delirium tremens sino el resultado de su invocación a Lucifer. La vida del ex bebedor fue completamente transformada por Jesucristo, pues desde entonces no volvió más a probar el alcohol. Han transcurrido ya doce años y es hoy día un testigo viviente del poder redentor de Cristo a quienes le rodean. Trabaja activamente en su iglesia en la obra de evangelización y forma parte del cuerpo de dirigentes de su congregación. El pecado le había llevado al borde del infierno, pero el poder de Cristo le arrancó del dominio satánico. Desde entonces el cántico de alabanza de la iglesia primitiva resuena en el corazón de Jochen: "Dando gracias al Padre, que nos hizo aptos para participar de la suerte de los santos en luz, librándonos del poder de las tinieblas y trasladándonos al reino de su Amado Hijo" (Colosenses 1:12-13).

 

8. Lucha con una mujer poseída

 

Uno de mis amigos suizos me contó un caso muy difícil que vivió durante su obra en la cura de almas. Se refiere a su propia cuñada. Para comprenderlo mejor consideraremos la historia paso a paso.

Durante muchos años padecía de estados depresivos. Tomó un odio especial a la palabra de Dios y a la Iglesia; no podía sufrir ver cuadros bíblicos. Ante cualquier consejo o exhortación religiosa se mostraba airada. Los psicólogos dirían que estaba padeciendo de un complejo antirreligioso, causado por excesivo adoctrinamiento cristiano en su niñez; pero no era tal el caso, pues su madre era aún más indiferente a las cosas espirituales que ella misma. La hija mostraba en cambio las características comunes a los endemoniados, o sea, por un lado una violenta aversión hacia lo divino y por el otro, un impulso y ansias de acudir a Cristo. Los psiquiatras hablarían de una doble personalidad, pero en este caso, figura además el hecho de que la paciente, desde niña, observaba trasgos en su habitación. Cuando gritaba aterrorizada era azotada por estos fantasmas.

En respuesta al interrogatorio que le hizo su propio cuñado, la mujer admitió que a menudo había recurrido a sortílegos, y que su madre practicaba la cartomancia. Durante la entrevista salió a luz un factor decisivo, y era que su madre había pactado con el diablo, prometiéndole su criatura antes de nacer.

Durante un tiempo los meimbros de una fanática secta habían tomado a su cargo el cuidado de la paciente. Se había orado por ella con imposición de manos, pero continuó peor. Esta decepción la llevó a alejarse de todo lo religioso. Después había sido tratada por varios neurólogos, siendo internada durante un corto período en un asilo de alienados. El diagnóstico era siempre el mismo: "Usted es mentalmente normal. Se trata en su caso de un desorden psíquico".

Cuando su cuñado, amigo mío, inició una seria cura de carácter espiritual, la tentativa de mostrarle el camino de la liberación, con la Biblia abierta, terminó con la paciente temblando desde la cabeza hasta los pies y maldiciendo terriblemente, pero por otra parte daba la impresión de que ansiaba ayuda y liberación. Ante toda oración que se elevaba aparecían en ella unos típicos tics nerviosos, por lo que el consejero espiritual tuvo desde el principio la impresión de que se hallaba ante un caso de posesión. Esta opinión se confirmó al observar que la paciente se tranquilizaba cada vez que él reprendía a los espíritus en el nombre de Jesús. Cierto día, después de reprender a los poderes de las tinieblas, pudo al fin creer en la redención de Cristo y en el perdón de sus pecados.

Después de este comienzo prometedor, la ayuda espiritual se tornó en una dramática batalla. La primera evidencia de lucha fue cuando al día siguiente de haber confiado en Cristo, sufrió un retroceso y acometió con un cuchillo a su cuñado. Después de haber reprendido de nuevo a los poderes de las tinieblas en el nombre de Jesús, siguió un lapso de sosiego. La atacante se tranquilizó y aun se disculpó por su comportamiento; aquel mismo día asistió a un culto evangélico llevado a cabo por su consejero espiritual, al final del cual participó de la Santa Cena. En el momento en que pasó delante para recibir el pan, comenzó a temblar. El cuñado, al percatarse de esto, reprendió interiormente las fuerzas satánicas y así pudo participar con toda tranquilidad. Al recibir la copa volvió a suceder lo mismo. Nuevamente, su consejero espiritual, que ya estaba alerta, reprendió interiormente alenemigo con el mismo resultado, tras lo cual la paciente salió fortalecida y regresó con gozo a su hogar.

La segunda etapa presenta detalles sintomáticos. Tras una visita de ocho días a la casa de su cuñado, la paciente tuvo que regresar a su hogar y cada vez que retornaba a sus parientes, alejándose del ambiente cristiano, su condición empeoraba. Por aquel entonces, Billy Graham celebraba una campaña en Zurich. Mi amigo hizo llegar una invitación a la mujer, prometiendo ir a buscarla en su coche. La paciente le acompañó al estadio, y durante la conferencia temblaba de pies a cabeza. El cuñado oró con ella, tras lo cual se tranquilizó. Unos días después volvió a recaer; había tratado de suicidarse y fue internada en el hospital. Los médicos opinaron que la enferma estaba viviendo en un medio ambiente inadecuado; no así el consejero espiritual, quien en el intervalo había hecho un estudio de la historia de la mujer tan terriblemente sumergida en el ocultismo. No había arte mágico que no hubiera sido practicado por esta familia. Encontró una gran similitud con el caso de otra mujer llamada Gottliebin Dittus, con la cual el pastor Blumhardt había luchado durante 18 meses. En el hospital la paciente no podía dormir a pesar de los más fuertes sedantes. Al salir de allí, fue enviada a un psiquiatra quien la hizo internar en un manicomio. Allí recibió un tratamiento de "shocks" de insulina y sueño prolongado; pero no hubo ni la más leve mejoría. Con mis largos años de experiencia acerca de tales casos estoy convencido de que la solución no está en el psiquiatra, sino en un experto asesor espiritual. Las enfermedades mentales y muchas clases de trastornos psíquicos pertenecen a la esfera de la psiquiatría, pero las personas dominadas por fuerzas satánicas no hallarán alivio en manos del médico sino bajo la guía de un obrero cristiano. Es desalentador constatar que existen muy pocos cristianos capacitados para abordar tales casos.

La tercera etapa de la lucha consistió en la acostumbrada excitación seguida por períodos de tranquilidad. En la iglesia de su cuñado y asesor espiritual se estaba celebrando una semana de cultos evangélicos a los cuales fue invitada. La paciente, al escuchar el primer mensaje, salió furiosa gritando: "¡Me voy a matar, voy a terminar con todo!" Su cuñado interceptó su camino y la llevó a su estudio. La mujer, aún aterrada, gritaba: "Algo va a suceder esta noche. O yo o el predicador va a morir". Su cuñado le respondió: "Nadie va a morir. Jesús es el Vencedor". Oró con ella y por fin ella juntó sus manos y oró también. Salió sosegadamente y pasó una noche tranquila.

La cuarta etapa de la lucha introduce un nuevo factor. El próximo domingo, la enferma participó en los tres cultos sin ser especialmente invitada. Esa noche concertó una cita con el pastor visitante durante la cual éste oyó su confesión y así como su cuñado, el hermano V., recibió la impresión de que se hallaba ante fuerzas satánicas. Preguntó a la mujer si alguna vez había participado en hechicerías, magia, espiritismo, sortilegio o cosas similares. Al responder afirmativamente, el evangelista ordenó de inmediato a estos poderes que se retiraran en el nombre de Jesús. Mientras tanto, el hermano V. había recogido mayor información sobre las actividades ocultistas de la madre de la paciente, de modo que elevó la siguiente oración: "Señor Jesús, libra a mi cuñada también de los pecados y dominio satánico de su madre". En ese momento, la paciente sufrió un violento acceso de ira y atacó a su consejero. Repentinamente una voz extraña habló desde su interior:

-Es mi hija; debe morir.

El hermano V., de inmediato se hizo cargo de la situación y respondió:  -No; no debe morir. Tú debes entregarla.

La voz extraña replicó por boca de la misma enferma: -Mi hija pertenece al diablo. En su infancia he pactado con sangre que es propiedad suya. El hermano V. reprendió esta voz diciendo:  -Tú no tienes ningún derecho sobre ella. La sangre de Jesús es suficiente para tu hija y ya está redimida por Cristo.

-Si renuncio a mi hija me volveré loca; si cedo, perderé la razón (hay que decir que en este tiempo la madre de la enferma aún vivía, pero no se hallaba presente).

El hermano V. replicó:  -Aunque te vuelvas loca debes retirarte y no volver a molestarla.

Después de este extraño diálogo la paciente quedó completamente exhausta; pero pudo orar con tranquilidad. Era una situación similar al del relato bíblico de Marcos 5. Tales casos pueden encontrarse en la Biblia, en la historia de la iglesia, la de las misiones y en el presente. Tengo fichados una serie de casos análogos.

La quinta etapa de la lucha reveló un nuevo hecho que arrojó más luz sobre el caso. Al día siguiente el predicador visitante exhortó a su auditorio a decidirse por Cristo. La mujer hizo interiormente la decisión: "Yo quiero ser de Cristo". Por unos pocos días estaba llena de gozo pero después del tercer día tuvo otra recaída. Mientras estaba desayunando, repentinamente dejó de comer y comenzó a temblar. Su rostro se desfiguró con una horrible mueca y aterrorizada llamó a su cuñado quien corrió a su lado para orar junto a ella. Esta vez no se tranquilizó durante la oración y afirmó la presencia de otro poder ajeno en su ser. El hermano V. ordenó al espíritu inmundo que se retirara de ella, después de lo cual empezó a hablar una voz desde dentro de la paciente pero con distinto tono diciendo:

-No la dejaré; he estado en ella hace ya mucho tiempo. El hermano V. preguntó:

-¿Pero quién eres? La voz contestó: -Soy una vieja gitana.

En ese momento la enferma tomó el cuchillo de pan que estaba sobre la mesa y trató de atacar a su cuñado. El hermano V. la asió del brazo y oró. La mujer se tranquilizó, guardó el cuchillo y comenzó a llorar. Durante todo el tiempo estuvo completamente consciente.

La sexta etapa fue el clímax de esta dramática batalla. Al día siguiente la segunda voz comenzó a hablar nuevamen­te desde dentro de la paciente, con un tono burlón: "Todos estáis asustados, todos estáis temblando" -decía.

A lo que respondió el hermano V.: -No, yo no tengo miedo -en esto rompió la enferma en una extraña carcajada diciendo: -Tú no puedes hacer nada; somos una legión de demonios y nos defenderemos.

El pastor comprendió entonces por qué los médicos no pudieron encontrar la causa de la enfermedad. Por primera vez la esposa de mi amigo intervino gritando:

-Pues sí sois legión, idos a los cerdos   (La esposa del pastor hacía referencia al milagro de Jesucristo narrado en el Evangelio de San Mateo 8:28-34 y San Marcos 5:1-16).

-No, queremos vivir en cuerpos de personas -replicaron los espíritus inmundos por boca de la enferma. Y añadieron-: Nos meteremos dentro de ti.

-Eso es imposible, pertenecemos a Cristo -respondió el esposo.

-Entonces nos meteremos en tus hijos. Ya hemos hecho enfermar a tu hijo (la verdad es que su hijo Teodoro había estado enfermo). Lo habríamos puesto más grave si hubié semos tenido permiso de hacerlo.

-No os es permitido hacer esto, pues todos mis hijos pertenecen a Jesucristo.

-Entonces nos meteremos en la Iglesia y la destruiremos. Nosotros sabemos cuáles son las almas incautas.

-Tampoco podéis hacer esto, pues Cristo está velando por su Iglesia. En ese instante la enferma intentó escaparse, pero el hermano V. la detuvo y la condujo hacia un sofá. Saltó de nuevo tratando de apoderarse del cuchillo; entonces el hermano V. ordenó a las legiones que salieran de ella. Mientras las reprendía las voces gemían por boca de la paciente:

-¿No vais a dejar de orar?

-No -respondió el hermano V.-; no cesaremos hasta que todos hayáis salido.

-¿Qué ganáis en empeñaros tanto por una sola alma? -interrogaron las voces.

El pastor V. respondió:

-Para el Salvador una sola alma vale más que el mundo entero. Las voces continuaron:

-No saldremos de la mujer, pues ella regresaría a su casa y sería testigo a cuantos la rodean y nos arrebataría a otras almas. Dejad de orar. Otros también están orando en esta casa. El hermano V. no sabía que sus hijos se habían reunido y también estaban orando; en consecuencia, replicó:

-Sí, el Salvador está orando por vosotros. A lo cual, las voces respondieron agitadas: -No, no, El no está orando por nosotros. En ese momento la paciente dirigió una mirada de odio a un cuadro donde había la figura de Cristo. El hermano V. replicó:

-El no ora por vosotros, espíritus de tinieblas, pero sí por ti, pobre ser humano; pero por medio de Cristo puedes ser libre. Las voces respondieron:

-No podremos aguantar tus oraciones mucho tiempo más.

Fue una lucha de tres horas entre estos poderes de las tinieblas y el hermano V., ayudado por su esposa y sus diez hijos, quienes oraban en el cuarto contiguo. Después de esta larga lucha el consejero nuevamente ordenó a los espíritus inmundos que se retiraran. Repentinamente la paciente se tranquilizó, estalló en llanto y comenzó a orar. Después de su liberación padeció terribles dolores físicos durante un día entero pero en el último día de la campaña de evangelización dio público testimonio de su fe en Cristo. Los dolores desaparecieron y el próximo domingo participó con gozo de la Comunión. Anteriormente había experimentado cada vez la sensación como si los poderes de las tinieblas estuvieran tratando de ahogarla al participar de la comunión; ahora pudo hacerlo sin molestias ni impedimento alguno. Cristo había triunfado en la lucha por este pobre ser encadenado. "Por esto se manifestó el Hijo de Dios, para deshacer las obras del Diablo".  -  Otto Vogt, Suiza

 

9. El más fuerte

 

Cerca de Madang, en el nordeste de Nueva Guinea está el hospital de la misión llamado Jagaum. Cierto día, Kiombo, un joven creyente papúa que había sido el primero en llevar el Evangelio desde la costa hasta las montañas donde residía su tribu, fue llevado al hospital. La tribu a la cual pertenecía adoraban ídolos y sólo unos pocos de sus compañeros creyeron en Cristo, renunciando al culto pagano de los espíritus. Naturalmente, este pequeño grupo de creyentes era tenazmente perseguido. A menudo peligraba la vida de Kiombo, pero sus enemigos no se atrevían a asesinarle y devorarlo, como habrían hecho diez años atrás. Recurrieron por lo tanto a un mago muy reconocido para que terminara secretamente con su vida. Accedió de inmediato pues temía ver disminuida su influencia por la difusión del cristianismo. Así que recibió el pago ofrecido y comenzó su diabólica tarea. Invocó a los espíritus para que castigaran al joven cristiano.

Kiombo solía reunirse con unos pocos creyentes en la jungla, pues era imposible celebrar un culto en una de las chozas de la aldea, ya que los aldeanos lo hubieran impedido, Una vez más, Kiombo se hizo cargo del culto. Simultáneamente el mago estaba practicando sus malas artes contra él. De repente sucedió algo terrible. Kiombo acababa de leer las Escrituras en voz alta cuando se detuvo y se agarró la cabeza diciendo: "No veo nada". Sus amigos se adelantaron rápidamente y lo condujeron fuera del bosque. Esperaron que recuperara su vista pero fue en vano. Kiombo quedó ciego para regocijo de los paganos.

Tras permanecer unas pocas semanas en su choza, debilitado interior y exteriormente, sus amigos lo llevaron al hospital de Jagaum. Al ser llevado fuera de la villa, los aldeanos se pararon a la entrada de sus chozas haciéndole burla, mientras el viejo mago decía jubilosamente: "¿Ven ustedes como nuestros espíritus son más poderosos que el Dios de los cristianos?

En el hospital de la misión, Kiombo recibió una calurosa bienvenida; pero tras un minucioso examen el médico confirmó el hecho de que estaba completamente ciego de ambos ojos y que no había esperanza alguna de recobrar jamás su vista. Fue un terrible golpe para el enfermo, que se sentía al borde de la desesperación.

Al atardecer, la enfermera, una misionera blanca, atravesó la sala y parándose ante la cama de Kiombo le preguntó: "¿Cómo te encuentras?" Palpando con su mano replicó: "¡Oh, hermana, el estar ciego no es lo peor para mí; pero el hecho de no poder sentir la presencia de Dios y tener que convencerme de que he sido entregado en poder de los espíritus malos, eso es lo más terrible". Estas palabras traspasaron el corazón de la enfermera. ¿Tendría que ser realmente así? ¿Sería la victoria de los poderes diabólicos? No podía ser.

-Kiombo -le dijo-, vamos a orar a nuestro Señor; El nos oirá. Los espíritus malignos no deben tener la última palabra, pues Jesús es más poderoso que ellos.

Así es que ambos comenzaron a orar al que en otro tiempo había abierto los ojos a los ciegos y había librado a la joven cananea del poder de los demonios. Durante toda la noche intercedieron ante el Señor invocando sus promesas, hasta el amanecer del nuevo día.

Fue entonces cuando Kiombo gritó con toda su fuerza: ¡Hermana, la puedo ver, la puedo ver! Anuto (Dios) me ayudó. Cuán grande es El!"

Todas las enfermeras del hospital y muchas asistentes vinieron corriendo, profundamente conmovidas y llenas de gozo y gratitud. Kiombo sólo sentía el intenso deseo de retornar a la aldea para ser un testigo viviente a sus paisanos de que Jesús es más fuerte y destruye los poderes del infierno. Lo que pronto pudo hacer, produciendo un despertamiento espiritual que contribuyó mucho a la evangelización de aquella isla pagana.

 

10. "Si el Hijo os libertare..."

 

Cierto día en nuestro puesto de misión en Lishui llegó un mensajero con la petición de que algunas mujeres cristianas fueran a la casa de un nativo, miembro de nuestra iglesia. Partí acompañado de algunos fieles creyentes. En la casa encontramos a una mujer cadavérica que nos fue presentada como cuñada de la familia. Había sido traída en una silla. portátil desde más de seis horas de viaje para buscar ayuda del Dios de los cristianos.

Nos comunicaron el diagnóstico habitual: la pariente había sido atormentada por Fan Yiao, el mal espíritu a quien se atribuían muchas enfermedades entre los paganos. Había recurrido ya a muchos ídolos en busca de alivio pero todo había sido en vano; ahora era el momento de comprobar si el Dios de los cristianos tenía o no poder. La esposa del miembro de la iglesia estaba muy atemorizada, pues Fan Yiao era muy temido.

Al terminar de oír todos los detalles del caso, mis compañeras y yo empezamos a cantar: "Oíd al médico de amor que da a los muertos vida". A nuestros creyentes les encanta este himno porque menciona repetidas veces el nombre de Jesús y ellos creen que "el Diablo huye cuando oye pronunciar este nombre". El Evangelio de Cristo fue anunciado a la mujer poseída. Al principio no comprendió mucho, pero sí alcanzó a compenetrarse de una verdad: de que Jesús la podía ayudar y a ello se aferró con todas sus fuerzas. Oramos con ella. Me regocijaba al ver la fe tan fuerte y sencilla de mis compañeras chinas. Enseñamos a la afligida pagana a clamar al Señor Jesús y a confiar en El. Al siguiente día regresamos y con verdadero gozo nos enteramos de que había pasado la noche tranquila. Convinimos entre las mujeres creyentes que cada día dos de ellas la visitarían para orar y pronto pudimos comprobar que noche tras noche podía dormir sin ningún inconveniente.

Cierto día, al ser visitada, la mujer gritó desesperadamente: "¡Ha venido a encontrarme! ¡Ha vuelto de nuevo!" Nos explicó que el mal espíritu se le había acercado con la apariencia de un gato negro y la había molestado. Enseguida la misionera le preguntó si había vuelto a tener algo que ver con los ídolos. Al principio la mujer no quería decirlo, pero finalmente confesó que su esposo la había visitado y, alegrándose mucho de encontrarla sana, le dijo al despedirse: "Recuerda que hemos prometido un lechón si el ídolo te sana. Ahora voy a cumplir mi promesa, pues al fin y al cabo no sabemos con certeza a quién debemos este favor". La mujer accedió. El esposo partió con esa intención y esa noche ella había sido atormentada nuevamente.

Nuestras obreras cristianas le aconsejaron enviar un mensaje urgente a su marido para decirle que bajo ningún concepto sacrificara a los ídolos, pues la honra pertenecía únicamente al Señor Jesús, quien había puesto su mano de sanidad sobre su esposa. Inmediatamente este consejo fue recibido y puesto en práctica.

Después de esta terrible experiencia, la mujer imploró ser llevada a la casa de la misión. No teníamos más lugar, pero una de las sirvientas cristianas ofreció compartir su cama con ella. Allí permaneció durante tres semanas, oyendo diariamente la Palabra de Dios. Dado que continuaba en perfecto estado de salud, expresó el deseo de regresar a su hogar el próximo noviembre, y al despedirse dijo: "Si sigo bien, regresaré para Navidad y la pasaré con ustedes". Aguardamos su retomo, pero al no verla llegar uno de los cristianos se ofreció para visitarla. Sin embargo, no llegó a salir pues el día fijado para la partida nuestra protagonista llegó radiante de gozo. Había permanecido libre de ataques durante todas esas semanas anteriores, pero a causa de una gran inundación le había sido imposible venir por Navidad. Nuestros temores habían sido infundados. La mujer liberada estaba llena de alabanza y gratitud por la ayuda del Señor y su fe en Cristo se había fortalecido. Era la única creyente dentro de una zona completamente pagana, pero durante años de repetidas visitas pudimos comprobar que permanecía fiel al Señor Jesús. Más tarde perdimos contacto con ella, pues ya nos era imposible seguir viajando hasta esos lugares a causa de las bandas de ladrones y la guerra que sobrevino.

 

11. "En mi nombre echarán fuera demonios"

 

En uno de nuestros puestos misioneros en las afueras de la ciudad, había un fiel obrero chino que tenía gran poder en la oración. En aquel distrito había muchos casos de posesión diabólica. Es asombroso con cuánto discernimiento y exactitud los chinos son capaces de diferenciar entre la enfermedad mental y casos de posesión. En este aspecto sobrepasan a muchos psiquiatras europeos, quienes únicamente dictaminan: histerismo, esquizofrenia, etc. Si este evangelista tenía la impresión de hallarse frente a un caso de posesión satánica, convocaba un grupo de cristianos para orar y ayunar durante varios días, hasta que el Señor otorgaba la liberación del poseído. En cierta ocasión, estos fieles guerreros de oración habían orado y ayunado 52 noches hasta obtener una completa victoria en favor de una mujer poseída que vivía al lado del salón de cultos evangélicos.

Citaremos un caso especial ocurrido aquí que demuestra lo dificultosa que puede ser la lucha por un alma.

Cerca de un puesto de la misión vivía una familia en la cual, a través de las generaciones, había habido siempre algunos de sus miembros poseídos por Fan Yiao. Contaban que si Fan y Yiao lograba destruir a su víctima pasaba a morar en algún otro miembro de la familia, por lo que vivían siempre atemorizados, cuando alguno enfermaba. Encontrándome yo en la misión, el padre acababa de morir preso de terribles agonías, y el demonio había hecho presa de una anciana tía, de quien se sabía que no podría durar por mucho tiempo. La madre y la hija eran las únicas sobrevivientes de la familia y con temor aguardaban el día cuando Fan Yiao tomara posesión de ellas. Al llevar mi colaborador y yo el Evangelio a este lugar, ambas mujeres llegaron a estar bajo la influencia de la Palabra de Dios. Con gozo recibieron el mensaje y aprendieron a confiar en Cristo, aun­que no hasta el punto de encomendarle por completo sus vidas.

Durante este tiempo la anciana tía falleció y la hija asistió al entierro presidido por el sacerdote pagano. En el transcurso de las ceremonias de duelo, la joven se sintió poseída por Fan Yiao. Inmediatamente su afligida madre la trajo al "salón de Jesús", rogando a los creyentes que la socorrieran. El grupo de oración se congregó para interceder por la niña, quien en la primera noche fue liberada.

Un tiempo después, la joven contrajo matrimonio con un joven pagano. Se vio obligada a ello porque, de acuerdo con la costumbre china, había sido desposada por sus padres hacía muchos años. Después de la celebración de la boda, los suegros, paganos, prohibieron a la joven esposa asistir a los cultos cristianos, quitándole y quemando su Bibliá e himnario. Desde ese momento, Fan Yiao volvió a tener posesión de ella. Extrañas voces salían de su interior; tampoco podía trabajar. Esta situación asustó a sus suegros, quienes rogaron al pastor que fuera y orara con su nuera. Prometieron quee dejarían a la joven seguir su fe y ofrecieron conseguirle una nueva Biblia e himnario si se curaba. La joven fue liberada aquella misma noche.

Al domingo siguiente quiso encaminarse al culto, pero sus suegros se arrepintieron de la promesa. Ese mismo día volvió a caer bajo el dominio de Fan Yiao. Los paganos suegros reconocieron, por fin, que no se podía jugar con Jesucristo. Atemorizados, hicieron trasladar a su nuera en una silla portátil hasta el salón de cultos, donde se reunió un círculo de oración en favor de la joven. Oraron con ayuno por tres días, pero esta vez Fan Yiao no cedía. El pastor sintió que había llegado el momento de actuar y aproximándose a la mujer poseída ordenó a los inmundos espíritus, en nombre de Jesús, que salieran de ella, diciéndoles:

-Vuestro tiempo es cumplido. Debéis retiraros y yo os ordeno hacerlo en el nombre de Jesucristo.

Repentinamente una voz ronca salió de la boca de la mujer diciendo:

-¿Quién puede aguantar tantas oraciones? ¡Es intolerable!

Desde ese instante la mujer fue liberada. Ahora sí, sus suegros acordaron permitirle continuar en su fe y la muchacha quedó totalmente curada.

En estos dos últimos relatos se demuestra que en todos los continentes del mundo existen no sólo enfermedades de la mente y de la vida psíquica, sino influencias demoníacas y posesiones. Los síntomas de la posesión tienen las mismas características, tanto en China como en Europa o en América, y además se hallan de acuerdo con los síntomas de posesión que leemos en el Nuevo Testamento. Ya que se trata de un hecho espiritual, según las enseñanzas de la Biblia, es lógico que un psiquiatra no creyente no pueda comprenderlo. El que carece de inteligencia espiritual jamás podrá discernir entre la esfera de lo divino y de lo diabólico. Pero el fenómeno de la posesión surge de un modo palpable en nuestros días y en su tratamiento se demuestra la realidad de la victoria de Jesús sobre los poderes de las tinieblas. Quien se ha entregado a Cristo participa de su poder. Jesús mismo dijo: "En mi nombre echarán fuera demonios" (Marcos 16:17).

 

12. La victoria de Jesús

 

Cierto misionero trabajó entre una tribu de indios en Nueva Guinea, muy entregada a la magia. Los magos dominaban a sus compañeros de tribu con sus maleficios y la misión cristiana denotaba muy poco progreso. Al orar, la misionera se sentía a menudo rodeada de un terrible poder. Pidió a todas sus amigas de su patria que intercedieran intensamente a fin de que la tenebrosa maldición en su campo de labor fuera finalmente deshecha. No sólo tenía allí una espantosa batalla espiritual, sino que sufría el peligro de animales salvajes. Cada vez que quería visitar una cierta aldea en la cual vivía un renombrado mago, salían víboras a su encuentro obligándola a retroceder. Consideró estos sucesos al principio como accidentales, hasta que cierto día descubrió que no se trataba de algo casual.

Durante una de sus frecuentes giras misioneras por el país, en su viaje de regreso, pasó por esta aldea y sin sospechar nada entró en una de las chozas que le eran desconocidas con el fin de llevar el mensaje del Evangelio a sus ocupantes. Mientras hablaba con la mujer, se sintió invadida por un poder terrible y tenía la sensación como si detrás de ella fueran a matarla. Al volver la cabeza observó a un hombre sentado en un rincón de la choza que la miraba fijamente. Sobresaltada y hechizada por esa mirada, comprendió al instante el tenebroso poder que emanaba de ese sujeto. Trató de orar interiormente pero esa mirada amenazante le impedía hacerlo y al fin no tuvo más remedio que ordenar a los malos espíritus en el nombre de Jesús. Entonces ocurrió algo sumamente extraño. El hombre que tenía fija su mirada sobre ella, cayó gimiendo y llorando en el suelo. Se arrastró hasta la misionera y cuando ella abandonó la choza él aún seguía arrastrándose tras ella con sus lloriqueos y gemidos. Este curioso caso nos recuerda la historia de Dagón, el dios filisteo (l.a Samuel 5:3), que por la mañana yacía ante el arca del pacto. Más tarde la misionera descubrió que, sin saberlo, había estado en la choza del principal hechicero, del cual los nativos atestiguaban que tenía la facultad de ejercer dominio sobre los animales.

 

13. Hay poder en la sangre de Cristo

 

Me propuse llevar a cabo una semana de servicios evangelísticos en una pequeña aldea. Me sentía bien preparado -así lo creía yo, por lo menos- al presentarme ante un grupo de personas que se habían reunido en un salón de la escuela. Pero me era cada vez más difícil hablar, pues sentía como si alguien estuviera cerrando mi boca. Regresé a mi casa traspirando profusamente. De una cosa tenía seguridad, y era que había experimentado una verdadera resistencia que yo, como predicador joven, jamás había conocido antes. ¿Podría predicar aquí los mensajes que había preparado? ¿Necesitaba tal vez mi auditorio algo completamente diferente? Con estos pensamientos en mi mente me metí en la cama en un altillo y apagué la luz.

¡Zas! ¿Qué era eso? Apenas había apagado la luz cuando vi delante mío una gran sombra negra y oí una voz que me decía con toda claridad: "Si te atreves a continuar con esta campaña, te mataré, pues estas almas son mías". ¿Qué debía responder? A mi modo de ver había una sola respuesta: "Si el Señor me lo ordena, nadie podrá impedírmelo". Pero de nuevo escuché la voz siniestra que me decía: "Pues bien, te mataré". En el acto me sobrevinieron calambres en mis brazos y piernas que se extendieron por todo mi cuerpo y finalmente se concentraron en mi corazón. No pude moverme y quedé helado yaciendo así durante dos horas hasta que los calambres aminoraron. No tenía ninguna duda de que el enemigo me quería matar; pero sabía también que no podría hacerlo a no ser que el Señor lo permitiera.

Los días que se sucedieron fueron sumamente difíciles para mí y pronto supe el origen de la tenaz resistencia en esa aldea. En muchos de los hogares se practicaba la magia y algunos eran presa de los malos espíritus. Quise preparar nuevos mensajes de evangelización pero no podía hacerlo.i Quise orar, pero sólo podía arrodillarme y suspirar. Noche tras noche me acometían los mismos calambres. Sucedía siempre a la misma hora, pero sin la aparición. Me sentí sumamente afligido y sin saber qué hacer. Tenía la firme convicción que el Señor me había enviado allí; de lo contrario habría abandonado la campaña.

Me dirigí a algunos hermanos en busca de consejo, pero ninguno tomaba en serio el asunto: Finalmente el Señor puso en mi camino a un anciano siervo de Dios que tenía experiencia en estos casos. Llegué a confesarle que yo, como ministro del Señor llamado por El, no me atrevía a imponer las manos sobre quienes me pedían que lo hiciera con el fin de ser librados de sus maleficios. Yo creía que mi vocación era únicamente la de predicar. ¿Debía permanecer impasible cuando se volvían a mí en busca de consejo y ayuda?

El Señor mismo me había conducido a este anciano siervo de Dios quien me ayudó decisivamente. Lo que aprendí de él debiera habérseme enseñado en el seminario, aunque tal vez en aquel momento no lo habría comprendido. Pero ahora, en el fragor de la batalla, la guía del anciano hermano me era de incalculable ayuda. ¿Era algo nuevo lo que me estaba diciendo acerca del poder de la sangre? No, yo conocía ese poder, pero solamente en el sentido espiritual. Sin embargo, cuando en oración me puse bajo la protección de la sangre de mi Salvador por lo que me estaba ocurriendo, no sólo desaparecieron los calambres, sino que pude ver ese mismo poder obrando en la vida de otros a quienes yo ahora podría prestar ayuda. El poder y la victoria nos son otorga­dos por la sangre de Jesús.

"Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del Diablo" (1.a Juan 3:8).

Otto Haeni, evangelista  Suiza

 

14. Privados de poder

 

En la primavera del año 1959 un dentista nos llamó por teléfono. Quería conocer el objeto de nuestro ministerio de ayuda espiritual telefónico y cómo lo encauzábamos. Le dimos la información solicitada y nos manifestó que visitaría personalmente nuestra oficina. Cumpliendo con la cita el dentista se presentó a la hora convenida, dando muestras de un extremado nerviosismo. No podía quedarse quieto en la silla un solo instante y nos llamó la atención cuán fijamente nos miraba. Tuvimos la sensación de que emanaba de su persona una fuerza siniestra y que de alguna forma luchaba para colocarnos bajo su hechizo. Como la cura de almas es generalmente llevada a cabo por dos de nosotros, al tener ambos la misma extraña sensación, nos retiramos un momento para orar, después de lo cual regresamos y se desarrolló una animada conversación. Al retirarse, media hora más tarde, aún sentimos sobre nosotros su siniestra influencia y fervientemente clamamos al Señor por purificación y protección ante un caso tan singular.

A la mañana siguiente, el siniestro desconocido llamó de nuevo para preguntar si habíamos sentido algo la noche anterior. "¿Qué cree usted que teníamos que sentir?", le dijimos, tras lo cual colgó el auricular. La segunda mañana se repitió el incidente cortando nuevamente él la comunicación. Estábamos intrigados sobre el misterioso proceder de este hombre.

Unos días después volvió a llamarnos y nos pidió que oráramos por él. Nos confesó que el diablo le había dado especiales instrucciones de combatir nuestro ministerio telefónico. Muy acongojado, nos relató que mientras era estudiante en Marsella había hecho pacto de sangre con el diablo y ya no podía volverse atrás, por más que quisiera seguir nuestros consejos. Unos días después nos volvió a llamar. Con gran desesperación nos confesó que había intentado matarnos empleando para ello su método habitual, pero había fracasado. Lo que había tratado de hacernos había recaído sobre él, pues una fuerza y poder muy superior a la suya emanaba de nosotros. Prosiguió afirmando que no podía aguantar por más tiempo. No podía aceptar la palabra de Dios porque pertenecía a Satanás con quien había pactado y quien poco a poco le estaba llevando a la muerte.

Al día siguiente recibimos una tarjeta postal. Había una cruz marcada en la esquina superior derecha, y abajo leímos estas palabras: "Cuando reciban esta tarjeta habré muerto". Poco después la policía de nuestro distrito nos llamó comunicándonos que el dentista se había pegado un tiro. Habían encontrado su cadáver en su habitación, y a su lado un libro de magia en latín titulado: "Espejo de Salomón". Ofrecieron entregarnos el libro si nos interesaba tenerlo.

Durante años ese desdichado había atormentado a muchas personas; pero su pacto con el diablo le había llevado a su propia destrucción. ¿No nos muestra acaso esta experiencia con toda claridad, que el poder de Jesucristo es infinitamente superior al del diablo; y que la oración de los cristianos no es en vano? Como dice el apóstol Juan: "El que está en nosotros es más fuerte que el que está en el mundo". Ciertamente, pues El, "habiendo despojado los principados y las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz" (Colosenses 2:15).

Werner Ambuehl, evangelista Suiza

 

15. En el nombre de Jesús

 

Sucedió poco después de la Segunda Guerra Mundial. Afortunadamente, había logrado escapar de manos de los rusos, pero comencé luego a sufrir estados depresivos. El hambre y el agotamiento sufridos en mi cautiverio habían desecho mi sistema nervioso y mis trastornos psíquicos iban en aumento. Debí recurrir a los neurólogos en busca de alivio y un médico me recetó gotas de opio para tranquilizarme, pero otro médico me suspendió todos los remedios y me llevó a su sanatorio con el fin de aplicarme la psicoterapia. Ambos tratamientos tuvieron poco éxito. El opio me había empeorado y la psicoterapia sólo daba resultado cuando me hallaba en presencia del médico.

Traté de reintegrarme a mi antigua profesión, la de ministro protestante, pero con el recargo de trabajo aumentó también mi enfermedad. Fueron días muy penosos, tanto que mi esposa volvió a llamar al médico. Entonces el Señor intervino. Nos visitó un predicador, al cual, al principio, evité pues en la condición en que me encontraba no sentía deseos de conversar con nadie.

El evangelista habló con mi esposa y le dijo que sentía deseos de orar por mí imponiéndome las manos, de acuerdo con Santiago 5:14. Al principio lo rechacé de plano. La imposición bíblica de manos era una idea nueva para mí, a pesar de ser un ministro de la Palabra de Dios. En el seminario rara vez había oído acerca de ello, pues era considerado como una costumbre de los cristianos primitivos impropia para nuestros días en casos de enfermedad. Pero mi esposa insistió tanto que al fin me di por vencido. Este hermano oró conmigo imponiéndome las manos; pero nada ocurrió. Al día siguiente volvió a visitarme. Cuando se enteró de lo infructuoso de sus esfuerzos me interrogó en cuanto al ocùltismo. Me sentí indignado: ¿Qué tenía que ver yo, un ministro protestante, con tales cosas?

El hermano me contó acerca de los muchos magos y sonámbulos que vivían dentro de los límites de mi pueblo nativo y afirmó que los pecados de mis ascendientes sobre este

particular, podían afectarme, sin yo tener conocimiento de ello. Por fin recordé que mi padre en su juventud había estado enfermo y no hallando alivio en los médicos, su madre lo había llevado a un encantador mágico, cuyo tratamiento había resultado un éxito inmediato- y rotundo.

El evangelista me señaló el primer mandamiento que dice:- "Que visito la iniquidad de los padres sobre los hijos. y sobre los hijos de los hijos hasta la cuarta generación (Exodo 20:5 y 34:7). Luego me preguntó si yo admitía ' que la curación mágica de mi padre había sido un pecado de hechicería.. Lo recowcí y nos arrodillamos a orar. A pesar de mi título de ministro esto me resultaba extraño. Senti arrepentimiento por el pecado de mis antecesores y per los míos propios, encomendando así mi vida al Señor Jesús.

El evangelista me impuso de nuevo las manos y oró conmigo. Repentinamente me abandonó toda sensación de depresión nerviosa y me invadieron una paz y tranquilidad inexplicables que jamás había experimentado anteriormente. Me parecía que flotaba en el aire; no sentía ningún peso. Este gozo rebosante fue duradero.

Por primera vez comprendí el significado de Filipenses 3:20: "Muestra vivienda es en los cielos". Me parecía que mis pies no tocaban la tierra. Toda mi vida fue transformada por el amor de Cristo. La Biblia .entera y también mi ministerio tomaron un aspecto completamente diferente.

Cuando un tiempo después fui a visitar a mi médico me examinó y pronunció el siguiente veredicto: "Asombroso progreso físico nervioso". Las depresiones jamás retornaron. Este milagro sucedió en mi vida después de haber desempeñado por varios años el honroso cargo de ministro de la iglesia protestante establecida en mi país. Y era un humilde predicador evangélico, sin títulos de ninguna clase, el instrumento que Dios usó para curarme.

Lo que se había operado en mí por la gracia de Dios, repercutió también en mi iglesia. Mi congregación escuchó atentamente mi nuevo estilo de predicación. Mi primordial énfasis era enaltecer el nombre de Jesús ante el auditorio. La palabra no volvió vacía, pues la gente fue convertida. En los lugares circundantes, donde luego fui llamado a actuar, había pequeños avivamientos de tanto en tanto. Anteriormente, había resultado imposible celebrar cultos y reuniones de oración durante la semana, pero ahora surgían sin ningún esfuerzo. El, que había encendido el fuego, lo seguía extendiendo.

El nombre de Jesús había venido a ser el centro de mi ministerio. Este nombre significaba para mí poder: Poder para la salvación de muchos. Ha llegado a ser mi ardiente deseo de anunciar a cuantos escuchan mis mensajes. Todo el significado del bendito nombre de Jesús. "En ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en quien podamos ser salvos" (Hechos 4:12).

 

Rev. Berthold Schoof, Alemania

Tales son algunos de los muchos testimonios que pueden aportarse en demostración de la realidad de los poderes de las tinieblas; pero también como evidencia de que el poder de Dios que podemos invocar y obtener por medio de la oración es superior a todos ellos. "Jesucristo es el mismo, ayer, hoy y por los siglos."

 

 

Este articulo forma parte del libro  ENTRE CRISTO Y SATANAS. Los demás capitulos son:

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I.  Adivinacion o sortilegio

II.  La Magia

III.  El espiritismo

IV.  Literatura ocultista

V.  La sanidad divina actual

VI.  Relatos de verdaderas curaciones biblicas y liberaciones

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im Dezember/en el mes de diciembre de 2005-12-30

 

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