Catástrofes Mundiales
Los asteroides son bloques de
materia que giran en torno al sol y cuyas trayectorias se sitúan generalmente
entre las de los planetas Marte y Júpiter. Algunos describen órbitas
excéntricas que les permiten acercarse a la tierra. De acuerdo con los cálculos
de los astrónomos, uno de éstos asteroides - nombrado 1950 DA – que mide
alrededor de 1 Km. de diámetro, podría en un futuro no muy lejano hacer impacto
en la tierra. Este hecho, reflejado por los medios de comunicación, nos hace
tomar conciencia de que nuestro planeta no está libre de acontecimientos
inquietantes para la humanidad.
Sin embargo el versículo bíblico de las
Lamentaciones de Jeremías, citado abajo, nos da a entender que nada aconteció
ni acontecerá sin el permiso de Dios. También Hebreos 1. 3 nos reconforta
declarando que Dios “sustenta todas las cosas con su palabra poderosa”. Los
movimientos de los astros están en Su mano. Pero vendrá un día cuando, según su
voluntad, nuestro planeta será destruido: “Los cielos y la tierra de ahora son
reservados por su palabra para el fuego” (2 Pedro 3:7). Ese día quizá está más
cercano de lo que pensamos.
Para el presente, el que “tiene
dominio sobre el reino de los hombres” (Daniel 5:21) conoce a todos los
hombres, y conoce también lo que está en el hombre (Juan 2: 24-25). Dios se
interesa personalmente por cada uno de los seres humanos, y quiere que cada uno
de ellos crea en Jesucristo, el único camino de salvación.
Los que creen, según Su promesa,
estarán habitando “nuevos cielos y una nueva tierra, donde la justicia vive.
Por lo cual, oh amados, estando en espera de estas cosas, procurad con
diligencia ser hallados por Él sin mancha e irreprensibles, en paz” (2 Pedro 3:
13-14). Fuente: La
buena Semilla
¿Quién será aquel que diga que
sucedió algo que el Señor no mandó? (Lam. 3:37)
Y no hay cosa criada que no
sea manifiesta en Su presencia; antes todas las cosas están desnudas y abiertas
a los ojos de aquel á quien tenemos que dar cuenta (Hebreos 4:13).
Indudablemente tenemos presente
los huracanes en Centroamérica y en el sur de Estados Unidos de Norteamérica,
el terremoto en China (ocurrido el 12 de mayo de 2008), el huracán en Birmania
(ocurrido entre el 2 y 3 de mayo de 2008) y el maremoto del Pacífico (ocurrido
el 26 de diciembre de 2004 y que causó 300.000 muertes y destruyó las casas de
un millón de personas). También podemos ver las calamidades que sobrevienen en
Sudamérica (y en tantas otras partes del planeta) producto de la deforestación
y por los efectos de la contaminación del medio ambiente, lo que a su vez es el
producto de la ambición insaciable del ser humano. Definitivamente Dios permite
catástrofes terribles, pues Jesucristo lo anunció en Mateo 24 y también en el
libro de Apocalipsis se describen eventos espantosos. Ahora, ante este panorama,
pensemos y preguntémonos si quizá la capacidad tecnología del hombre no ha
llegado ya hasta el punto tal de poder producir - en cualquier punto de la
tierra - terremotos, maremotos, huracanes y toda clase de devastaciones; tal
vez con la finalidad de reducir la población mundial o para someter naciones
que se resisten al plan de una globalización mundial, o simplemente para dar
avance a las ideas orwellianas de un control total sobre cada habitante de la
tierra (respecto a esto, consideremos Romanos 1: 21 y 28-32).
Finalmente no nos olvidemos de orar por
los afectados de las catástrofes en los países donde han acontecido; y en
especial por nuestros hermanos cristianos que, en varios de estos países,
sufren de manera doble, ya que deben soportar además la persecución a
causa de su fe.