Llevar la Cruz
Jesús dijo: “Si alguno quiere venir en
pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día y sígame” (Lucas 9:23).
”Quien no lleva su cruz y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo” (Lucas 14:27).
Cuando están en peligro o con dificultades, se oye a personas hablar de su calvario, o de que
están llevando una cruz. Y a menudo se piensa que, por una justa
recompensa, aquellos que aceptan el sufrimiento con resignación tendrán el derecho a la felicidad en otro mundo.
La Biblia,
sin embargo, no dice esto en absoluto. No es nuestro sufrimiento lo que nos da derecho a
la salvación. Son los sufrimientos de Jesucristo.
En la cruz sólo Él sufrió el juicio de Dios por nuestros pecados (1 Pedro 2:24).
Entonces, ¿qué significa el término "llevar la cruz"? Notemos
en primer lugar que el Señor no hace esta invitación a nadie más que a sus discípulos,
es decir, a los que ya lo conocían
o, mejor dicho, a los que ya lo seguían. Tiene su valor para nosotros cuando
verdaderamente lo conocemos por la fe. Es a los creyentes bíblicos que se dirige.
Tomemos en cuenta que la cruz no es sólo un emblema del sufrimiento, sino
también de muerte. El condenado que, según la costumbre
romana, tuvo que llevar su cruz hasta el lugar
de la ejecución, proclamó de esta forma, públicamente, que para el mundo él ya no existía. Para un creyente, "tomar
su cruz" es vivir en Jesús, vivir una nueva vida; es estar crucificado con Cristo (Gálatas 2:20), renunciando a su propia voluntad. El mundo, todo lo malo, el yo, ya no deberían tener más influencia sobre él.
Lejos de ser una carga dolorosa, esta cruz es el instrumento
para liberarnos hacia la victoria;
es el arma distintiva y la gloriosa bandera del soldado de Jesucristo. Fuente: La Buena Semilla; redacción: VM-Argentina
Durante las últimas semanas vimos a nivel mundial suceder
cosas asombrosas, como las revueltas en el mundo musulmán y el tremendo
terremoto, el tsunami y los resultantes problemas con los reactores nucleares
en Japón.
Si consideramos lo que sucedió en Japón a la luz de la
Biblia, más exactamente recordando lo que está escrito en el libro de
Apocalipsis, nos damos cuenta de que las señales profetizadas para el último
tiempo se están manifestando. Seguramente, todos vimos los episodios filmados
en vivo de esta catástrofe, en los cuales una gran ola arrasaba con coches,
barcos, casas y todo lo que se encontraba a su paso. Debemos tomar conciencia
de todos los seres humanos que allí perecieron, los heridos y aquellos que
están apenados por la pérdida de sus familiares y amigos.
Además, durante los últimos meses, situaciones climáticas
extremas afectaron grandes partes de los Estados Unidos de Norteamérica y de
Europa – no exactamente en el sentido de un calentamiento global, sino, por el
contrario, con temperaturas inusualmente bajas. Fuertes tempestades destruyeron
muchas casas y propiedades.
Y por último, recordemos el aumento de grandes cataclismos
en la primera década del presente siglo: el tsunami de 2004, los huracanes en
el Golfo de México, los terremotos en China, Haití, Chile, etc.
Consideremos
este pasaje bíblico:
“Y
respondiendo Jesús, les dijo: Mirad que nadie os engañe.
Porque
vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy el Cristo; y á muchos engañarán.
Y
oiréis de guerras, y rumores de guerras: mirad que no os turbéis; porque es
menester que todo esto acontezca; mas aún no es el fin.
Porque
se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá pestilencias,
y hambres, y terremotos en diferentes lugares.
Y
todo esto será principio de dolores.
Entonces
os entregarán para ser afligidos, y os matarán; y seréis aborrecidos de todas
las gentes por causa de mi nombre.
Y
muchos entonces serán escandalizados; y se entregarán unos á otros, y unos á
otros se aborrecerán.
Y
muchos falsos profetas se levantarán y engañarán á muchos.
Y
por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se resfriará.
Mas
el que perseverare hasta el fin, éste será salvo.
Y
será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, por testimonio á
todos los gentiles; y entonces vendrá el fin. (Mateo 24:4-14)
Recordemos
también el Salmo
2
Que
Dios nos ayude a creer (Mar. 9:24), a seguir a Jesucristo como los primeros
discípulos (Jn. 15:14), a llevar nuestra cruz (ver citas arriba), a ser Sus
testigos (Hechos 1:8), a aprovechar el tiempo (Col. 4:5) para Su honra y
gloria, a orar por los que sufren y son perseguidos (1. Cor. 12:26; Heb. 13:3);
y a hacer con nuestras manos lo que Dios nos muestre que hagamos (Ef. 2:10). Y
por último, si estamos en falta: ¡pidamos a Jesucristo que nos perdone, nos
ayude y nos fortalezca para vivir desde ahora en adelante verdaderamente
conforme a Su voluntad! (Sal. 51; Rom. 12:1-2).
Que
Él te bendiga ricamente.
Alberto – 24 de marzo de 2011